Dos niños jugaban en la vieja avenida, aún muy solitaria por aquél entonces. Pero ellos no necesitaban más, allí tenían todo de cuanto precisaban para ser felices.
-¡Apuesto a que llego antes que tú!- Dijo él sonriente.
-¡Eso ni en broma!- Le contestó ella desafiante.
Los dos se colocaron sobre el desdibujado paso de cebra, listos para emplear todas sus fuerzas en la pequeña carrera. Tras la cuenta atrás salieron a la máxima velocidad que les permitían sus cortas piernas, él llevaba ventaja, pues era algo mayor que ella, pero en un momento de despiste miró atrás para ver cuan rezagada iba su amiga, este error fatal hizo que no viera la inoportuna piedra que le llevó de bruces contra el suelo levantándole la piel del antebrazo, la sangre no se hizo de rogar y empezó a brotar como si de un manantial se tratase, con lagrimas en los ojos esperó a que su amiga fuera en su ayuda, mas, cuando levantó la mirada, solo pudo ver como ella le adelantaba, sonriente, hacia la meta.
lunes, 31 de mayo de 2010
viernes, 30 de abril de 2010
Infierno sostenido
La hoja del cuchillo acariciaba su piel, no había sido consciente del peligro que le acechaba hasta hacía muy poco y se había percatado de ello transversalmente, casi por error, la mano que sujetaba firmemente el cuchillo creía estar aún en la sombra, pero la hoja ya había rozado su piel y el veneno se extendía por todo su cuerpo, era un dolor inhumano, inaguantable, insostenible… y no atinaba a recuperar su cuchillo.
No iba a morir, pero quedaría cicatriz, maldijo el día en él que entregó su cuchillo.
No iba a morir, pero quedaría cicatriz, maldijo el día en él que entregó su cuchillo.
jueves, 18 de marzo de 2010
Ocaso
El que iba a ser el día más largo del resto de su vida estaba tocando a su fin, habían nacido y habían muerto demasiadas cosas ese día, ahora tan sólo quedaban las cenizas de todo aquello cuanto había ardido.
Al final el heraldo enamorado no se había equivocado en sus vaticinios, estaba terminando.
Las corazas que portaron en un principio se habían ido desprendiendo y quedando en el olvido, ahora trataban en vano de procurarse otras que ardían sin que pudieran hacer nada por evitarlo.
Miraba pensativo el arma que sostenía en las manos, tenía numerosas fisuras y manchas negruzcas de sangre seca, así como así como trozos que se estaban pulverizando ante su atónita mirada, pero lo que más destacaba eran los hilillos de sangre fresca que manaban aún del artefacto, era evidente que se había estropeado su mecánica, a pesar de ello, seguía poseyendo un temible poder.
Definitivamente, no lo entendía. Había demasiado de extraño en aquello, pero había sido así desde el principio.
Ya sólo esperaban la estocada final, que no hacía sino retrasarse y los intentos por forzar esta habían sido vanos por el miedo a que ocurriera de verdad. Los espadachines estaban alineados, preparados para lanzar el golpe de gracia y, aún con la victoria asegurada, dudaban. Ninguno daba el primer paso.
Mientras cavilaba, el arma había acabado de consumirse, todo aquello cuanto ardió se arremolinó en torno a ellos y fue a dar a el baúl de los recuerdos en forma de cenizas, esperando a ser sopladas.
El día se había consumado y sus sucesos estaban condenados al olvido.
Al final el heraldo enamorado no se había equivocado en sus vaticinios, estaba terminando.
Las corazas que portaron en un principio se habían ido desprendiendo y quedando en el olvido, ahora trataban en vano de procurarse otras que ardían sin que pudieran hacer nada por evitarlo.
Miraba pensativo el arma que sostenía en las manos, tenía numerosas fisuras y manchas negruzcas de sangre seca, así como así como trozos que se estaban pulverizando ante su atónita mirada, pero lo que más destacaba eran los hilillos de sangre fresca que manaban aún del artefacto, era evidente que se había estropeado su mecánica, a pesar de ello, seguía poseyendo un temible poder.
Definitivamente, no lo entendía. Había demasiado de extraño en aquello, pero había sido así desde el principio.
Ya sólo esperaban la estocada final, que no hacía sino retrasarse y los intentos por forzar esta habían sido vanos por el miedo a que ocurriera de verdad. Los espadachines estaban alineados, preparados para lanzar el golpe de gracia y, aún con la victoria asegurada, dudaban. Ninguno daba el primer paso.
Mientras cavilaba, el arma había acabado de consumirse, todo aquello cuanto ardió se arremolinó en torno a ellos y fue a dar a el baúl de los recuerdos en forma de cenizas, esperando a ser sopladas.
El día se había consumado y sus sucesos estaban condenados al olvido.
domingo, 28 de febrero de 2010
Otherside Othertime
-Tienes que aceptarlo.
-¿Qué pasa si no quiero?
-No es una opción. Al igual que un principio, todo tiene un fin. Debes entenderlo, la comprensión es el camino a la aceptación, solo así lo superarás.
Si te pones en pie sufrirás más y es seguro que lo pasarás mucho peor y que te harás daño, pero si sigues lamentándote por el pasado y lo que ya no esta, te consumirás.
Todo sigue su curso natural, cuando algo acaba, algo empieza, es tiempo para el recuerdo y para contemplar el esplendor de lo nuevo, para echar la vista atrás y sonreír, el viaje continua y habrá muchas más piedras en el camino a sortear, pero podrás hacerlo, se te prepara para ello, no cabe duda de que todos seguiremos ese maravilloso sendero que es la vida y que no lo haremos solos.
Hoy ves morir a quién te vio nacer, aquel que depositó sus esperanzas en ti, estoy seguro de que lo honraras.
-¿Qué pasa si no quiero?
-No es una opción. Al igual que un principio, todo tiene un fin. Debes entenderlo, la comprensión es el camino a la aceptación, solo así lo superarás.
Si te pones en pie sufrirás más y es seguro que lo pasarás mucho peor y que te harás daño, pero si sigues lamentándote por el pasado y lo que ya no esta, te consumirás.
Todo sigue su curso natural, cuando algo acaba, algo empieza, es tiempo para el recuerdo y para contemplar el esplendor de lo nuevo, para echar la vista atrás y sonreír, el viaje continua y habrá muchas más piedras en el camino a sortear, pero podrás hacerlo, se te prepara para ello, no cabe duda de que todos seguiremos ese maravilloso sendero que es la vida y que no lo haremos solos.
Hoy ves morir a quién te vio nacer, aquel que depositó sus esperanzas en ti, estoy seguro de que lo honraras.
domingo, 31 de enero de 2010
Dame tu secreto, entrégame tu libertad
La lluvia caía silenciosa en la pequeña ciudad azotada por los rayos, había tormenta.
Los rayos formaban extrañas sombras en las fachadas de los edificios, Lin empezaba a creer que no había escogido un buen día para lo que se disponía a hacer, pero, ¿Acaso existía un momento adecuado para algo así? El rugido de los truenos era ensordecedor, las sombras en la noche, aterradoras, estaba asustado. Ya estaba en el ruinoso y abandonado edificio que había fijado como punto de destino, lo contempló unos segundos desde el exterior, pero la fuerte lluvia y la oscuridad de la noche le impedían verlo con claridad, no importaba, conocía cada recoveco de ese lugar. Pensó que era irónico que fuese justo allí, pero había ya tantas ironías en su vida…
Subió las escaleras lentamente, no tenía prisa. La luz de los rayos se colaba por las ventanas rotas y, aunque en otras condiciones probablemente habría tenido miedo y vuelto corriendo a casa, ya había tomado una decisión.
Su mirada vagaba por el derruido lugar, muchos recuerdos acudieron a su mente, de niño había jugado mucho allí, otros tiempos, otras preocupaciones, su vida transcurría tranquila y sin problemas por aquel entonces.
Silencio. Se paró, le había parecido oír algo. Probablemente no fuera nada, siguió avanzando.
Durante su ascensión vislumbraba de cuando en cuando la ciudad que le había visto crecer, se preguntó cuantos cientos de cosas estaban pasando allí, cuantas tragedias y cuantas alegrias estarían viviendo sus ciudadanos, todo cuanto en una pequeña, mediana o gran ciudad, podía ocurrir.
Estaba en la azotea. Delante suyo, el juramento que había hecho hacía ya un año, un año en el que todo se estropeó, debajo de este, el juramento que le había hecho a un amigo años atrás, todo parecía muy lejano e inocente. De golpe, los trágicos sucesos de las últimas semanas acudieron a su mente clavándosele como el primer día, calló al suelo mientras las lágrimas fluían por su cara, confundiéndose con la lluvía, ¿Qué había hecho? ¿En qué había estado pensando todo ese tiempo? Su espalda volvía a sangrar, pero aún no era suficiente, aún no había pagado. Podía ver la calle, 6 pisos más abajo, sólo necesitaba un ligero empujón, algo que lo impulsara al vacío, pero estaba solo, completamente solo y solo tenía 15 años, no entendía por que él tenía que tomar esas decisiones y sobrellevar una carga como aquella, no era justo, o bueno, tal vez sí.
Calló un rayo, el trueno hizo temblar todo, incluido él, dándole el empujón que necesitaba. Mientras se precepitaba oyó un grito y un crujido, pero la lluvía confundía los sonidos, también creyó ver una figura de pelo largo asomarse por la azotea, pero realmente, ya nada importaba, había pagado.
Se despertó con el rostro perlado por el sudor, habían pasado ya dos años,¿Le iba a perseguir eternamente? A su lado, una mirada preocupada. Lo superaría.
Los rayos formaban extrañas sombras en las fachadas de los edificios, Lin empezaba a creer que no había escogido un buen día para lo que se disponía a hacer, pero, ¿Acaso existía un momento adecuado para algo así? El rugido de los truenos era ensordecedor, las sombras en la noche, aterradoras, estaba asustado. Ya estaba en el ruinoso y abandonado edificio que había fijado como punto de destino, lo contempló unos segundos desde el exterior, pero la fuerte lluvia y la oscuridad de la noche le impedían verlo con claridad, no importaba, conocía cada recoveco de ese lugar. Pensó que era irónico que fuese justo allí, pero había ya tantas ironías en su vida…
Subió las escaleras lentamente, no tenía prisa. La luz de los rayos se colaba por las ventanas rotas y, aunque en otras condiciones probablemente habría tenido miedo y vuelto corriendo a casa, ya había tomado una decisión.
Su mirada vagaba por el derruido lugar, muchos recuerdos acudieron a su mente, de niño había jugado mucho allí, otros tiempos, otras preocupaciones, su vida transcurría tranquila y sin problemas por aquel entonces.
Silencio. Se paró, le había parecido oír algo. Probablemente no fuera nada, siguió avanzando.
Durante su ascensión vislumbraba de cuando en cuando la ciudad que le había visto crecer, se preguntó cuantos cientos de cosas estaban pasando allí, cuantas tragedias y cuantas alegrias estarían viviendo sus ciudadanos, todo cuanto en una pequeña, mediana o gran ciudad, podía ocurrir.
Estaba en la azotea. Delante suyo, el juramento que había hecho hacía ya un año, un año en el que todo se estropeó, debajo de este, el juramento que le había hecho a un amigo años atrás, todo parecía muy lejano e inocente. De golpe, los trágicos sucesos de las últimas semanas acudieron a su mente clavándosele como el primer día, calló al suelo mientras las lágrimas fluían por su cara, confundiéndose con la lluvía, ¿Qué había hecho? ¿En qué había estado pensando todo ese tiempo? Su espalda volvía a sangrar, pero aún no era suficiente, aún no había pagado. Podía ver la calle, 6 pisos más abajo, sólo necesitaba un ligero empujón, algo que lo impulsara al vacío, pero estaba solo, completamente solo y solo tenía 15 años, no entendía por que él tenía que tomar esas decisiones y sobrellevar una carga como aquella, no era justo, o bueno, tal vez sí.
Calló un rayo, el trueno hizo temblar todo, incluido él, dándole el empujón que necesitaba. Mientras se precepitaba oyó un grito y un crujido, pero la lluvía confundía los sonidos, también creyó ver una figura de pelo largo asomarse por la azotea, pero realmente, ya nada importaba, había pagado.
Se despertó con el rostro perlado por el sudor, habían pasado ya dos años,¿Le iba a perseguir eternamente? A su lado, una mirada preocupada. Lo superaría.
jueves, 31 de diciembre de 2009
Devorando
Como un rayo de luz entrando en la oscuridad... en su vida entrastéis y todo empezó a cambiar
El gris adquirió todos los colores imaginables, la luz brilló con fuerza y se alejaron todas las sombras, un basto océano se extendía en derredor, oportunidades, caras felices, pequeños focos de luz... Días únicos en un lugar único, inolvidables, pero que no atina a recordar con claridad... Largas conversaciones, estúpidas a veces, de importancia capital otras, siempre rodeados de agua... Monedas lanzadas contra mesas en juegos tontos en bares dejados de la mano de Dios... Viejas amistades que cobran más fuerza que nunca... A mitad de camino, otra luz,
llena de fuerza y a la vez débil, agonizante... Pequeños manchones, mentiras y engaños, traiciones... Dolor, pena, olvido... Amistades idas... Atrevimiento, ataduras, amor... Miedo, alegría... Oscuridad hasta donde la vista alcanzó para encontrar luz... Gilipollas... Dias de verano inolvidables... Metas inalcanzables... Resurge el sentimiento, cae, resurge, cae... Elecciones que ponen en entredicho
su buen juicio y su madurez... Reflexiones que nunca debieron ser dadas a conocer... Pensamientos que no debieron existir... Miedos que se han de olvidar... Dudas que van devorando la escasa capacidad de raciocinio que le queda, la poca fe que tenía... Dudas que van devorando el corazón.
Volar tan cerca del sol sólo me puede quemar es tarde para escapar...
El gris adquirió todos los colores imaginables, la luz brilló con fuerza y se alejaron todas las sombras, un basto océano se extendía en derredor, oportunidades, caras felices, pequeños focos de luz... Días únicos en un lugar único, inolvidables, pero que no atina a recordar con claridad... Largas conversaciones, estúpidas a veces, de importancia capital otras, siempre rodeados de agua... Monedas lanzadas contra mesas en juegos tontos en bares dejados de la mano de Dios... Viejas amistades que cobran más fuerza que nunca... A mitad de camino, otra luz,
llena de fuerza y a la vez débil, agonizante... Pequeños manchones, mentiras y engaños, traiciones... Dolor, pena, olvido... Amistades idas... Atrevimiento, ataduras, amor... Miedo, alegría... Oscuridad hasta donde la vista alcanzó para encontrar luz... Gilipollas... Dias de verano inolvidables... Metas inalcanzables... Resurge el sentimiento, cae, resurge, cae... Elecciones que ponen en entredicho
su buen juicio y su madurez... Reflexiones que nunca debieron ser dadas a conocer... Pensamientos que no debieron existir... Miedos que se han de olvidar... Dudas que van devorando la escasa capacidad de raciocinio que le queda, la poca fe que tenía... Dudas que van devorando el corazón.
Volar tan cerca del sol sólo me puede quemar es tarde para escapar...
lunes, 2 de noviembre de 2009
Amicitia
El anciano miró primero las polvorientas fotos que descansaban en aquel estante desde tiempos inmemoriales y luego dirigió su mirada a los niños que le miraban expectantes, como si estuvieran a punto de escuchar la más emocionante historia jamás contada.
-¿Qué quienes son?-Preguntó el anciano, repitiendo, pensativo, la pregunta que le acababan de hacer- Eran mis amigos, junto a ellos pasé lo mejores momentos de mi vida…-se hizo un largo silencio en el que los niños no se movieron, quizás esperaban que la historia emocionante empezase tras esa pausa. Las lágrimas empezaron a aflorar de los cansados ojos del anciano, que las limpió rápidamente con la manga de su jersey. Los niños aún le contemplaban embobados, era evidente que no se iban a dormir sin haber escuchado una historia, él sonrió- Hace mucho, mucho tiempo, estábamos todos en la playa, había sido un día genial, desde luego, todos lo eran. Comíamos helado, de avellana, sí-añadió mirando al más pequeño- subía la marea y teníamos que construir pronto un castillo… -poco a poco los ojos de los niños se cerraron. Él los miraba, feliz, nostálgico a la vez.-Algún día, comprenderéis lo que es la amistad, viviréis días inolvidables, tendréis problemas que os parecerán terribles en esos momentos, perderéis muchos amigos y ganaréis otros tantos, aprenderéis de ello, seréis felices, creceréis con ellos-Añadió en voz baja mientras los arropaba con cariño- Y, algún día, cuando todos se hayan ido ya, vuestros nietos os preguntarán, ¿Quiénes son esos de las fotos? Y con gran dolor responderéis: eran mis amigos, junto a ellos pasé los mejores momentos de mi vida…-Ya había girado el picaporte de la puerta- Aún os queda un largo camino que recorrer y yo no estaré ahí para verlo, pero estoy seguro de que os irá bien, puedo verlo en la luz de vuestros ojos…-El anciano se fue a dormir, ya no trataba de ocultar las lágrimas que recorrían su deteriorada piel, se metió en su cama y soñó, soñó que todos habían vuelto, volvían a estar, juntos y felices.
-¿Qué quienes son?-Preguntó el anciano, repitiendo, pensativo, la pregunta que le acababan de hacer- Eran mis amigos, junto a ellos pasé lo mejores momentos de mi vida…-se hizo un largo silencio en el que los niños no se movieron, quizás esperaban que la historia emocionante empezase tras esa pausa. Las lágrimas empezaron a aflorar de los cansados ojos del anciano, que las limpió rápidamente con la manga de su jersey. Los niños aún le contemplaban embobados, era evidente que no se iban a dormir sin haber escuchado una historia, él sonrió- Hace mucho, mucho tiempo, estábamos todos en la playa, había sido un día genial, desde luego, todos lo eran. Comíamos helado, de avellana, sí-añadió mirando al más pequeño- subía la marea y teníamos que construir pronto un castillo… -poco a poco los ojos de los niños se cerraron. Él los miraba, feliz, nostálgico a la vez.-Algún día, comprenderéis lo que es la amistad, viviréis días inolvidables, tendréis problemas que os parecerán terribles en esos momentos, perderéis muchos amigos y ganaréis otros tantos, aprenderéis de ello, seréis felices, creceréis con ellos-Añadió en voz baja mientras los arropaba con cariño- Y, algún día, cuando todos se hayan ido ya, vuestros nietos os preguntarán, ¿Quiénes son esos de las fotos? Y con gran dolor responderéis: eran mis amigos, junto a ellos pasé los mejores momentos de mi vida…-Ya había girado el picaporte de la puerta- Aún os queda un largo camino que recorrer y yo no estaré ahí para verlo, pero estoy seguro de que os irá bien, puedo verlo en la luz de vuestros ojos…-El anciano se fue a dormir, ya no trataba de ocultar las lágrimas que recorrían su deteriorada piel, se metió en su cama y soñó, soñó que todos habían vuelto, volvían a estar, juntos y felices.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
