No siempre voy a esperar a Godot
domingo, 6 de octubre de 2013
She once believed
Siempre las encuentro en mis sueños. Todas esas cosas que
por alguna razón que se me escapa se han perdido aparecen en el exacto lugar al
que pertenecen, ese lugar donde las dejé la última vez, imperturbables al paso del
tiempo, inamovibles para todo aquel que no sea yo mismo. Algo que, bajo el
manto de Morfeo, encuentro lógico. Pero desde hace ya algún tiempo, al despertar,
cuando acudo a esos sitios en busca de lo que fuera que debiera estar ahí lo
encuentro vacío. Sé que algo ha ido mal, pero cuando intento recomponer en mi
cabeza los eventos que ocurrieron me faltan piezas del puzzle, muchas cosas no
encajan y, sin embargo, también acabo encontrando cierta lógica en esos lugares
llenos de ausencias y de palabras no dichas. Durante mucho tiempo he estado
esperado el día en el que, al despertar, todos esos huecos aparecieran llenos, en base a algún tipo de serendipia, como antes, pero creo que, poco a poco y aún no de manera completa, me he dado
cuenta de que esas oquedades no son más que recuerdos que me resisto a dejar
que sean simplemente eso, recuerdos. No sé si algún día dejaré de verlos así,
lo que sí sé es que, si algo tiene esta realidad (término que me permito la
licencia de usar en este caso) a la que llamamos vida, es, fundamentalmente, movere, del latín movimiento, del que
derivan emoción, motivación y una larga retahíla de palabras más. Y con esto
quiero decir, con florituras lingüísticas y alardes innecesarios que, lo bonito
y complicado de vivir, es que lo único que nunca cambia es que las cosas
cambian.
No siempre voy a esperar a Godot
No siempre voy a esperar a Godot
lunes, 30 de septiembre de 2013
Ein glück für mich
Me imaginé hace unos años sosteniendo esa misma imagen en mis manos, quizás bajo ese mismo árbol. Casi me parecía verme, sonriente, seguro de mi mismo, contemplando un futuro tan amplio y luminoso como aquella calle, y por un instante me pareció que no había más fantasmas allí que los de la ausencia y la pérdida, el suyo ya no estaba, y que esa luz que me sonreía era prestada y sólo valía mientras la pudiera sostener con la mirada, segundo a segundo.
miércoles, 21 de agosto de 2013
¿Recuerdas el día que te olvidé?
Lluvia. Sonido de lluvia golpeando sin descanso el techo de
metacrilato y las desnudas paredes. La oscuridad era insondable, faltaban aún
algunas horas para que amaneciese como indicaba el reloj de su pared. Las 5:55.
No necesitaba ninguna luz para conocer la posición de las agujas del artefacto
que, durante los últimos meses, había decorado la cabecera de su cama.
Se volteó sobre sí mismo y adquirió una posición fetal.
Hacía frío.
Con un suave ronroneo las turbinas que generaban
electricidad para el pueblo empezaron a girar. Respiró tranquilo, ese sonido llevaba despertándole desde que tenía memoria...
¿Recuerdas el día que te olvidé?
Bueno, yo tampoco.
viernes, 31 de mayo de 2013
Cometas en el cielo
Cuando me hice mayor, leí en mis libros de poesía que yelda era la noche sin estrellas en la que los amantes atormentados se mantenían en vela, soportando la noche interminable, esperando que saliese el sol y con él la llegada de su ser amado. Después de conocerla, para mí todas las noches de la semana se convirtieron en yelda .
martes, 30 de abril de 2013
Cuestiones baladíes
—¿Éramos buenos?
—Éramos mucho más que eso.
Las cenizas del papel quemado marcaron los pasos en el camino de vuelta a casa. Era una sensación agradable, la noche estrellada, su rítmico paso, las calles desiertas, un perfecto latir en su mundo. Las caprichosas sombras proyectadas por la clara luz de las farolas sobre el oscuro césped se difuminaban a su paso. La luna, en uno de sus últimos alientos, completaba el perfecto marco del cuadro que estaban pintando. Al fin y al cabo, esa era una ficción útil, ¿no?.
lunes, 1 de abril de 2013
Hijos de California
...pero los momentos pasan y los lugares quedan vacíos...
Nada trajimos y nada nos llevamos, solo las vivencias que compartimos. Es duro asumir que ya no estas, pero muy bonito ver lo que aún conservamos hasta que sepamos hacer las cosas bien.
Nada trajimos y nada nos llevamos, solo las vivencias que compartimos. Es duro asumir que ya no estas, pero muy bonito ver lo que aún conservamos hasta que sepamos hacer las cosas bien.
domingo, 31 de marzo de 2013
A veces
"...y el café seguirá enfriándose sobre la mesa."
A veces la gente conduce más rápido de lo que debería. El
mundo se convierte en una vorágine de luces sin sentido que se entremezclan con
los recuerdos, pero el tiempo solo sigue una inexorable dirección, igual que
esta carretera. No existe la posibilidad de dar marcha atrás y lo único que se
puede hacer es tratar de decorar esos recuerdos y no dejarlos caer en el
olvido. Da igual lo mucho que corras porque nunca volverá a ser 1 de abril de
2010, gestos y miradas han quedado atrás en alguna estación que no puedo
recordar, por eso nunca volverá a ser ese día al mediodía, por eso, a veces, la
gente conduce más rápido de lo que debería.
-M.
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