lunes, 9 de enero de 2012

But tomorrow´s a wishful thinking

No sabía cuánto llevaba encerrado en aquellas cuatro paredes. Hacía mucho que había perdido la cuenta. En algunas ocasiones, a través de las cortinas creía haber vislumbrado algo, pero el exterior era algo que contaba con poca aceptación en donde se encontraba. La calefacción se había apagado, quién sabe si por no pagar las facturas, por dejadez o por una simple avería. Aún así, el piso de arriba desprendía calidez, pero no podía subir. Con cada vez más frecuencia oía ruidos en la parte superior, sobretodo pisadas y voces que en muchas ocasiones le impedían dormir y le recordaban a cuando todavía vivía arriba. Toda su existencia consistía en llevar cosas a los pies de la escalera cuando así era requerido. El día en que algo lo empujó escaleras abajo había ido poco a poco borrándose de su mente, la única marca visible eran sus piernas que, no curadas, no le permitían volver a subir. Finalmente había aceptado esa situación, se había adaptado al frío y hasta empezaba a pensar que nunca había estado ni en el piso de arriba ni en ningún otro lado. Pero en un momento todo cambió. Una pequeña piedrecita lanzada sin querer por una mano inocente golpeó suavemente una de las ventanas. No fue la piedra, ni la pequeña mancha que dejó en la ventana, ni el hecho de que arriba se oyeran pasos, fue el ruido. El sonido retumbó por el piso y despertó su mente dormida. Sus piernas no estaban heridas, ni siquiera hacía frío abajo y calor arriba, en realidad ya no había ninguna escalera, de hecho no había ninguna casa.


No quiero más de aquellos locos acuerdos,
que hicieron de este un mundo de besos muertos.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Sobre la felicidad. La sociedad no quiere que seas feliz

"Hemos construido un sistema que nos persuade a gastar dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos para crear impresiones que no durarán en personas que no nos importan."

Un simple vistazo general sirve para echar por tierra el ideal del mundo moderno sobre la felicidad. Desde que nacemos, somos aleccionados con unas determinadas pautas sobre conducta y adecuación al medio que vamos afinando con los años. Una serie de patrones que en teoría nos alientan a ser felices. Así, aspiramos a conseguir una familia, un poder adquisitivo, un reconocimiento y un prestigio social, una casa… Y la ausencia de esto conducirá a la infelicidad, pero peor aún será ostentarlo porque desembocará también en infelicidad, o por no tener aspiraciones o porque una vez alcanzado el objetivo se querrá más y se volverá a repetir el círculo indefinidamente.
Por otro lado, la propia gente con la que convives no quiere que seas feliz, tú mismo no quieres ser feliz. ¿Qué pasa cuando somos infelices? Todos se preocupan y nos hacen mucho más caso, nos sentimos queridos, pero, ¿qué pasa si somos felices? El resto sentirá envidia de esa felicidad, para el ego humano es mucho más sencillo ayudar a los que no lo son que aceptar que alguien esta en un estado por encima de él. Es más fácil ayudar y sentirse útil que envidiar a alguien y a su vez, para ese alguien es más fácil no ser envidiado en aras de sentirse querido.

Así es que, ese concepto abstracto y politizado que la sociedad coloca en un altar, no es sino una burla hacia lo que en realidad hace referencia el término.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Opio del pueblo

Todo el país centrará su atención en un acontecimiento para nada único y con precedentes. Durante unas horas los cerebros dejarán de funcionar y de preocuparse por nada ajeno dicho evento. La realidad quedará al margen de las mentes difuminada en la periferia de la esfera, demasiado poco nítida como para entenderla. Algunos incluso volverán a los primeros pasos del hombre, retornarán a las formas de imponerse más primitivas solo por los fallos o aciertos de una gente que ni saben quiénes son ni tendrán el más mínimo interés en saberlo. Y mientras que los unos idolatran a los otros, a los idolatrados no les importará si los primeros pueden si quiera alimentarse, ellos tienen sus millones, sus casas, sus coches, sus fiestas, su ignorancia… Y el resto, el resto tiene hipotecas, horas de trabajo y paro.

Disfruta, pueblo, de tu opio, pero no te manifiestes en contra o te lamentes luego de la desigualdad del mundo, porque es algo de lo que solo tú serás culpable.
Una vez me dijeron que mi vida era triste por pensar así y que ojalá viviera debajo de un puente, pero lo siento, estoy orgulloso de pensar así.

Si al descubrir la cura contra el cáncer el grito de alegría fuera comparable al que se produce cuando se mete un gol, la humanidad tendría salvación. Pero no. El partido de hoy genera mucha más expectación y emoción contenida en la población de lo que hará nunca salvar vidas. Y esta, esta es la sociedad del bienestar en la que vivimos.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Und wenn du nichts mehr kannst, denkst du daran

You know the storm will come,
And the sun will fall,
You see where it comes from,
But not where it will after go.

Will the wall fall?
With all your feelings upon?
Just the skyline above,
And the new clothes in front.

That noise does not let you thought,
Only makes you paranoid,
Don´t think what you ought,
In the end the world changes the plot.

As youngs just sightseeing,
Better days we´ll see therefore,
Weird scenes,
Let the storms before.

As you know the storm will come,
With all your feelings upon,
Don´t think what you ought,
Let the storms before.

lunes, 31 de octubre de 2011

El lugar de siempre

Detrás de los cristales el día se revela apacible, propio de una tarde de finales de verano. Dentro ella sorbe su taza con aire ausente, dirigiendo inquietas miradas a un reloj que se niega a avanzar. Impaciente saca un cuaderno donde anota sin cuidado ni decoro alguno todo el torrente de pasajeros pensamientos que pasan por su mente los cuales carecen de cohesión.

El té esta frío ya, fuera la puesta de sol esta próxima y el cielo empieza a tornarse naranja. La hora esta próxima y la mano le tiembla en las últimas líneas, apenas se distinguen las palabras “le veo acercarse, ya viene…”

No median palabra, ella se levanta y sabe que van al mismo sitio donde pasaron tantas cosas. La fría determinación de su rostro extingue la pequeña llama de esperanza que alberga en su interior. el camino se le hace largo, no tienen cabida ya las bromas o las frases sin sentido que tan felices les habían hecho meses atrás, el muro estaba acabando de resquebrajarse.

lunes, 12 de septiembre de 2011

And... What if everything in your whole life was just a lie?

Y estamos aquí, en este lugar verde y apartado, sin conseguir recordar cuándo ni cómo fue la última tormenta. Estamos esperando los suministros verdad, ¿Karl? Karl no me contesta, hace días que no lo hace y permanece en esa ridícula postura, tener compañeros para esto…
Salí de nuestra modesta vivienda, tropezando con aquellos palitos blancos que no servían ya ni para quemar. Fuera oteo el horizonte, allá abajo continúan pidiendo el tributo, parece una sociedad que evoluciona adecuadamente, me siento orgulloso. Al principio no habían congeniado con los vecinos, pero recientemente habían zanjado sus diferencias y ahora compartían hasta las cosas más íntimas.
A veces creo que alguna de las nuevas inquilinas me sonríe, pero no podría asegurarlo, el rojo de sus labios se confunde con sus dientes. Algún día bajaré a saludar. Ahora no puedo porque estoy cuidando de Karl.
Alguien sube por la colina, la luz me impide distinguir algo más allá de un borrón oscuro con algo blanco. Ya llega. Ya esta aquí. Parece tener prisa, pobre gran señor, no parece haber reparado en mi sonrisa. Lo entiendo a decir verdad, mis dientes ya no son lo que eran. Naturalmente le permito pasar, así podrá descansar. Pero tiene poco tiempo, esta de mal humor ¡Pobre desdichado! Creo que quiere llevarse a Karl, para ayudarlo, claro. Le doy unas palabras de ánimo, van a sanarlo. Veo alejarse a mi vecino con Karl en el hombro, pobrecillo, como duerme…
Mientras, me pregunto si me traerán más gente de la que cuidar pronto, le había cogido cariño al último.
Me asomó por la ventana, la piel oscura de mi vecino refulge con los últimos rayos de sol.
Anochece y abajo ya están encendiendo las luces, el humo volvía el valle más confuso, pronto empezaron los cantos, me pregunté si Karl se despertaría para unirse a la fiesta, mientras espero oigo las voces de más gente que grita, alegremente, con mis vecinos. En parte echo de menos a aquellos tipos, pero me alegro de que puedan formar parte de la cena de mis vecinos.
Ya empiezan los gritos.


Y comprobamos que todo era mentira mientras los músicos afinaban los violines.

domingo, 28 de agosto de 2011

Nihil novum sub solem

Cuando pisamos la arena en la playa no nos paramos a pensar en el tiempo que ha sido necesario para reducir el paisaje anterior a algo tan diminuto, tampoco nos damos cuenta mientras caminamos por una ciudad del tiempo que tardaron en edificarse, nunca somos conscientes totalmente de la larguísima evolución, desde los fonemas más básicos, que ha sufrido el lenguaje hasta llegar a nosotros, utilizamos los avances tecnólogicos con total impunidad sin saber todo el esfuerzo que se esconde tras algo tan común hoy en día como un ordenador o un teléfono móvil, vemos a la gente por la calle y no podemos ni imaginar la inmensidad que se oculta en sus mentes. Y es que tendemos a olvidar que cualquier cosa, por pequeña que sea tiene un pasado enorme y único y es lo que hace que todo sea tan especial. Así, somos diminutos, sí, pero sobre hombros de gigantes.